miércoles, 6 de agosto de 2008

Las otras maravillas... Con Nacho Ares

La Escuela de Atenas.

nachoares70@gmail.com / www.nachoares.com


Entre los años 1509 y 1510, Rafael Sanzio pintó en las estancias vaticanas uno de los frescos más representativos de los ideales culturales del Renacimiento. En La Escuela de Atenas, un enorme fresco con una base de 7,7 metros, Rafael no solamente sintetizó una obra magistral desde el punto de vista artístico (las figuras se colocan en el interior de un edificio solemne de arquitectura romana tardo-imperial, fondo que le sirve para crear una perspectiva única), sino que, además, sirve de homenaje a la cuna del pensamiento griego. Los protagonistas de esta pintura son los grandes filósofos, sabios y pensadores del mundo clásico que tanta influencia tuvieron en el movimiento artístico y cultural que hoy denominamos Renacimiento.
En el centro de la escena podemos contemplar a dos de los pensadores más importantes de la Antigüedad. Con cabello blanco vemos a Platón (con el rostro de Leonardo da Vinci), llevando en la mano un ejemplar de su Timeo (en donde se habla de la Atlántida) y, junto a él, a Aristóteles, quien con su Ética focalizan esta suerte de panteón de filósofos.
Los filósofos presocráticos desarrollaron su labor, como señala su propio nombre, antes que Sócrates, antes del siglo V a. C. El principal problema que plantea reconstruir su pensamiento es que apenas contamos con fuentes, en muchos casos, fragmentos escuetos mencionados por otros pensadores posteriores.
Entre sus inquietudes más importantes estaba comprender la “physis”, es decir, la Naturaleza; buscar un elemento estable que condujera todo el desarrollo de las cosas, una especie de ingrediente básico universal. Tales de Mileto (625-
546 a. C.) creía que este elemento era el agua. Anaximandro de Mileto (611-547 a. C.) creía que era “lo ilimitado” (este filósofo pensaba que el Hombre venía del pez). Anaxímenes de Mileto (570-500 a. C.), pensaba que todo es aire, que más o menos comprimido, forma cosas. Por su parte, Pitágoras de Samos (582-500 a. C.) estaba obsesionado por los números y todo lo explicaba por medio de las matemáticas.
Heráclito (540-475 a. C.) y Parménides (515-440 a. C.) son los que poco después dan un nuevo giro a las cosas. El primero lanzó la famosa sentencia “panta rei”, todo fluye, nunca te bañarás dos veces en el mismo río. Para él la sustancia universal era el fuego. Basaba su pensamiento en la dialéctica de los opuestos: hay bien porque hay mal; existe el invierno porque tenemos verano, etc. Parménides lo basaba todo en el Ser. Todo es; no puede haber No Ser porque no es y no puede evolucionar hacia el Ser.
Empédocles de Agrigento (493-433 a. C.) aglutinó a todos sus predecesores, afirmando que había cuatro elementos (tierra, aire, agua y fuego), que se juntan o separan por la acción de dos fuerzas opuestas: el amor y el odio.
La escuela sofista supone un periodo de transición. Filósofos como Gorgias (485-380 a. C.) y Protágoras (480-411 a. C.) enseñaban de manera remunerada el arte de la retórica, pero su pensamiento en cuestiones como la ética dejaba bastante que desear. Provocan una reacción en Sócrates (470-399 a. C.), con quien se abre una nueva puerta al pensamiento. Dedicado a pasear por las calles de Atenas conversaba con sus paisanos haciéndoles partícipes de su filosofía. Su obra la conocemos por su alumno predilecto, Platón (428-347 a. C). Éste es el primero en dar una explicación satisfactoria a la dicotomía entre el ser y el devenir. En la teoría de las ideas, eje central de su pensamiento, aún se entreven destellos del ser parmenídeo. Platón considera la existencia de un mundo ideal que es la realidad única del cual nosotros sólo percibimos meros reflejos imperfectos. Se vale del mito de la caverna para ilustrar la búsqueda que nuestra alma realiza para reencontrarse con el mundo de las ideas al que pertenece. Se cuenta (en una versión idéntica al pecado original del Antiguo Testamento) que el alma fue desterrada de este mundo ideal y condenada a vagar por la
imperfección y la limitación de la materia. Transmigra (según las creencias órficas) de un cuerpo a otro tratando de recordar su origen. Platón sugiere la Paideia o enseñanza a través del método dialéctico para aprehender las ideas, y alcanzar el Bien, idea suprema de la que participan todas las demás.
Aristóteles (384-322 a. C.), muy a su pesar, acaba por desmentir el pensamiento de su maestro recuperando el mundo de las ideas de un plano inalcanzable para localizarlo en la realidad misma. Distingue dos aspectos dentro de la realidad, la sustancia y la esencia, que dan por finalizada la confrontación entre el cambio y la permanencia. Defiende la existencia de cambio pero no en un sentido absoluto (en Aristóteles todo es relativo). Continúa revoloteando la idea de que lo que es no puede llegar a ser, pero se admite la presencia en el No Ser de un cambio potencial (un ser en potencia) que predispone al desarrollo.

No olvides leer...
Jostein Gaarder, El mundo de Sofía, Siruela, Barcelona 1994.
G. S. Kirk, J. E, Raven, y M. Schofield, Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid 2003.

1 comentario:

Artur dijo...

Hola. En el programa del Miercoles 30 de Julio, pusisteis un tema de musica Sami. He buscado en el blog para ver el titulo pero precisamente ese dia no haceis referencia a los temas puestos. Me podriais enviar a mi correo el titulo de dicho tema. Os lo agradezco mucho. Atte. Artur.
mail; arturmtx@gmail.com